Sant Carles de la Ràpita

La Ràpita, paraíso natural y marinero, aglutina la mejor oferta de servicios para disfrutar de las playas de arena fina y dorada, junto al Parque Natural del Delta del Ebro y de la Sierra del Montsià. Encontraréis alojamientos de calidad, buena gastronomía y una cultura singular.

El núcleo marinero de Sant Carles de la Ràpita, situado en el extremo sur de Cataluña, abraza las aguas tranquilas de la bahía natural de los Alfaques y dibuja una postal mediterránea llena de contrastes. Es un rincón bello y singular con una orografía que combina las playas solitarias, los paisajes verdes del Parque Natural del Delta del Ebro y las formas suaves de la sierra del Montsià. Así pues, mar, delta y montaña es concentran en un solo territorio donde el turista puede disfrutar del sol y de la playa, pero también de espacios naturales de gran valor ambiental por donde transcurren rutas a pie, en bicicleta o a bordo de un barco. Y como complemento de todo se puede visitar el puerto pesquero que da rescoldo a la fachada litoral. Cada tarde, la llegada de las barcas se convierte en un espectáculo popular y pintoresco. Es desde este punto, de donde sale el pescado y el marisco que alimenta la gastronomía rapitenca, una cocina rica que disfruta de prestigio por todo el país. Se puede saborear en los restaurantes de la población, que junto con los hoteles y las empresas de servicios turísticos apuestan por la calidad y ofrecen al visitante todas las comodidades para disfrutar del mar, la naturaleza, los paisajes de baja montaña y la gastronomía.

Un poco de historia

Los musulmanes construyeron una Rábita, una fortaleza árabe situada cerca de la desembocadura del Ebro, y Carles III proyectó una ciudad que tenía que convertir aquel pequeño núcleo de pescadores en uno de los puertos más granos del mediterráneo.

Hace más de mil años, los musulmanes ya se dieron cuenta de las ventajas que ofrecía vivir cerca de la desembocadura del Ebro, en una zona de mar plana y de pocas oleadas, resguardada por el puerto natural que iban formando los sedimentos que aportaba el río. Es por eso que construyeron una Rábita, una pequeña fortesa medieval desde donde podían controlar el comercio y el tráfico de barcos río arriba. A lo largo de los siglos, en este mismo puerto harían parada|puesto todo tipo de flotas, desde fragatas de Alfonso el Magnánimo hasta barcos de las tropas Napoleónicas. Estuvo aquí, también, donde el verano de 1610 se embarcaron los moriscos expulsados del valle del Ebro y donde Carlos III, en el siglo XVIII, proyectó una ciudad que tenía que ocurrir uno de los grandes puertos del mediterráneo occidental. El proyecto fracasó, pero hoy día todavía se puede recorrer aquella historia en el trazado urbano de Sant Carles de la Ràpita, una ciudad marinera que acoge uno de los puertos pesqueros más dinámicos de Cataluña y que se ha convertido en una de las poblaciones turísticas con más proyección de las Tierras del Ebro.

El Port de Sant Carles de la Ràpita

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